Cuando Samantha estaba llegando a su oficina, escuchó unos pasos acelerados acercarse por el pasillo. Se detuvo en la puerta y se dio la vuelta para averiguar de quien se trataba.
Ruggiero los alcanzó y miró a Renaldo.
—Los hombres de Tolentino están aquí.
Samantha sintió que su cuerpo se helaba al escuchar aquello.
Renaldo la tomó de la muñeca y la llevó al interior de la oficina con Ruggiero siguiéndole los pasos.
—¿Leticia y Anabel? —preguntó, reocupada por sus trabajadoras.
—Ocultas en el