Giovanni recostó a Samantha sobre la cama y se acomodó sobre ella. Se tomó su tiempo para observarla, para asegurarse que en realidad ella estaba allí, sana y a salvo.
Le iba a tomar algunas semanas recuperarse del susto que había pasado desde que Cristiano le informó que los hombres de Tolentino estaban en la galería con Samantha hasta que la tuvo en sus brazos. Cada segundo se había sentido una eternidad y no perderse en los pensamientos más negativos le había costado mucho esfuerzo.
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