Giovanni se dio cuenta de que algo estaba molestando a Samantha. Apenas había tocado su cena y con frecuencia tenía que repetirle las preguntas para obtener una respuesta.
—No irás al trabajo mañana, tomaremos un vuelo a primera hora.
—Está bien.
Y allí estaba otra vez. Esperaba que ella se riera y soltara algún comentario, no que estuviera de acuerdo.
—¿Está todo bien? —preguntó.
—Mmhh…
Eso era menos que una respuesta.
—¿Samantha? —insistió.
—¿Qué sucede?
—¿Está todo bien? —repitió.
—Sí.
—¿Est