Samantha despertó con la luz del sol filtrándose a través de las pesadas cortinas de su habitación en casa de su padre. Se sentó y estiró sus brazos al aire mientras sus ojos vagaban por el dormitorio.
Después de ducharse bajó al comedor para desayunar con su padre. Los dos siempre comían juntos cuando iba a visitarlo y él siempre la esperaba, así que procuraba no tardarse demasiado.
—Cariño —su padre se puso de pie y abrió los brazos—. ¿Cómo dormiste?
—Muy bien, gracias. —Se sentó a su lado y