Nicolás Ortiz
Había llegado a la oficina a las seis de la mañana. No porque tuviera trabajo acumulado, sino porque el silencio de Acoley & Legal era el único lugar donde podía escuchar mis propios pensamientos. Mi asistente, ya había dejado el café negro sobre mi escritorio y se había retirado en silencio. No necesito a nadie merodeando en mi espacio; mi mente es mi mejor equipo y, en este momento, mi mente estaba ocupada procesando una única imagen: Isabel García.
Me paré frente al inmenso ven