Nicolás Ortiz
Había pasado la noche recorriendo cada centímetro de mi ático, buscando el rastro de su perfume en las sábanas como un adicto que busca su dosis. Me sentía patético, pero también peligrosamente lúcido. Mi padre creía que estaba redactando un informe de daños para la junta; no sabía que lo que estaba redactando era el guion de la rendición de Isabel García.
No quería enviarle más notas. Los juegos de mensajería eran para adolescentes. Yo necesitaba ver su reacción, sentir el pulso