El pacto ha sido sellado. Puedo sentirlo en cada célula de mi cuerpo, en la forma en que mi loba despierta dentro de mí después de tanto tiempo dormida, zumbando contra mis huesos como una corriente eléctrica. Cuando salimos de la cabaña, Christian aún sostiene mi mano con tanta fuerza que casi me duele. Casi. Pero el dolor es bienvenido porque significa que esto es real.
Mi padre nos sigue, sus pasos son silenciosos en aquella oscuridad. Es extraño tenerlo aquí, vivo, respirando el mismo aire