El furgón no pasó por el puente.
Lo vi con mis propios ojos. En el último momento, cuando ya estaba a punto de cruzar, algo cambió. Las luces de las patrullas parpadearon. Los coches giraron. Y el furgón se desvió por un camino secundario.
Uno que no estaba en el mapa.
Uno que no habíamos previsto porque ni siquiera estaba asfaltado. Era solo un camino de piedra y polvo.
—Mierda —escuché por la radio.
—¡Se están yendo! —gritó otra voz.
—¿Qué hacemos? —preguntó Damián.
Apreté los prismáticos. E