Alexander ni siquiera tuvo que levantar la mano. El miedo es una herramienta poderosa, y la promesa en sus ojos bastó.
Alekséi Orlov, con el aliento entrecortado, empezó a hablar antes de que le preguntaran otra vez.
—Yo… yo ayudaré —dijo atropellando las palabras—. Pero no sé mucho sobre Nuevo Amanecer. Son muy cerrados. Nadie fuera de la organización mueve información. Nadie.
Mi esperanza, recién nacida al verlo acceder, se hundió un poco.
—Pero los registros de transportación —continuó, mirá