Regresé a mi habitación con la cabeza hecha un nudo.
La imagen del niño no se iba. Mika con sus ojos azules enormes y su sonrisa cansada. Se pegó a mi mente como un fantasma que no quería irse.
Me dejé caer en la cama boca arriba. Miré el techo, pero no vi nada. Solo imágenes superpuestas. Un niño pálido en una habitación médica. Un hombre poderoso temblando de miedo. Yo misma, años atrás, igual de destrozada.
¿Dónde estará la madre de Mika?
La pregunta me sorprendió. No solía pensar en esas co