Regresé a mi habitación con la cabeza hecha un nudo.
La imagen del niño no se iba. Mika con sus ojos azules enormes y su sonrisa cansada. Se pegó a mi mente como un fantasma que no quería irse.
Me dejé caer en la cama boca arriba. Miré el techo, pero no vi nada. Solo imágenes superpuestas. Un niño pálido en una habitación médica. Un hombre poderoso temblando de miedo. Yo misma, años atrás, igual de destrozada.
¿Dónde estará la madre de Mika?
La pregunta me sorprendió. No solía pensar en esas cosas. Pero ahí estaba, insistente. Si Alexander era capaz de amar así a su hijo, ¿qué había pasado con ella? ¿Murió? ¿Se fue? ¿La apartaron?
Mi mente empezó a atar cabos sin pedir permiso.
Alexander Volkov es un mafioso. Poderoso. Frío. Dueño de media ciudad. Con enemigos como Sokolov, hombres ligados al tráfico de personas. A redes que yo misma llevo años intentando descifrar.
Por un segundo, la duda me atravesó como una cuchilla.
¿Y si Mika no fuera realmente su hijo?
¿Y si fuera un niño obteni