Todo pasó demasiado rápido.
Un segundo estábamos tranquilos, y al siguiente el mundo explotó.
¡Pum!
Otro disparo. Más cerca.
La gente empezó a gritar. A correr. A empujarse. Las copas volaron por el aire. Una mujer tropezó con su vestido y cayó al suelo. Un hombre la pisó sin mirar.
Yo no podía moverme.
Mis pies estaban clavados al suelo. Mis ojos miraban todo sin ver nada. El ruido era una pared que me aplastaba los oídos.
—Dhalia —la voz de Ezra cortó el caos—. ¡Dhalia, ven aquí!
Me agarró de