Alexander no perdió tiempo. Me esperaba en el estudio a las siete de la mañana. Yo no había dormido mucho. Y por la forma en que él estaba de pie junto a la ventana, con la misma ropa de anoche, dudo que él hubiera dormido nada.
—Tengo un problema —dice, volteándose a verme—. Y necesito saber si eres la solución.
—Pruébame —digo y sé que fue una mala elección de palabras cuando lo veo lamerse los labios.
Este maldito hombre.
Hago como que no ví ese gesto, y él también recobra rápidamente la c