Mundo ficciónIniciar sesiónUna mirada oculta tras unos finos cristales dorados por el reflejo del sol, con la mandíbula tensa mascullo una maldición, los resultados de los estudios no tuvieron los efectos esperados. Magrini se apartó de la ventana acercándose a la cama de aquella habitación privada, cubierta por unas sábanas blancas el menudo cuerpo de una niña de doce años, con la piel amarilla y los ojos sumidos, los labios agrietados y un permanente debilidad.
Cerró la puerta y camino por un largo pasillo silencioso, entro en su oficina aturdido por la inmensa pasividad, el dolor y los pensamientos no hacían más que acuchillar toda esperanza de obtener una cura para la extraña enfermedad que consumía a su única hija.
Alcanzo la bocina del teléfono, tecleo un número y espero unos segundos mientras el insistente pitido agotaba su pulso.
_Reinicia los análisis_
Ocho de la mañana, Bastián no se habia reportado como habitualmente lo hacía al amanecer.
—¿Dónde estás Bastián? —pregunto por su principal guardaespaldas y a quien consideraba su mejor amigo, —traten de localizarlo, que es lo último que sabemos de él —cuestiono con preocupación.
—Acudió a la cita en su lugar señor—le informo su secretaria.
—¡Ah!, maldito bastado —frunció el ceño aligerando la preocupación —, solo tenía que deshacerse de mi compromiso, no tomarse tanto esfuerzo en complacerla. En cuanto se comunique que venga a darme la cara.
La luz de las ventanas altas lleno el lugar, un espacio extenso, una mesa empolvada, con una charola con comida supliendo los instrumentos de tortura que aún se encontraban dispersos por el piso.
Azahara estaba frente a él, casi recostada en un lujoso sofá aterciopelado, con su rostro recargado sobre el respaldo.
—No hubiese sido más cómodo hacerlo aquí —sus ojos agudos se mantuvieron fijos, como si tratara de descifrarlo. Bastián estiro su cuello.
Se enfado al descubrirse atado por las muñecas, aunque su cuerpo descanso sobre una cama cómoda, su cuerpo estaba semi cubierto por sábanas blancas y rojas aterciopeladas, la visión de aquel corpulento hombre erizaba la piel de Azahara, . Hizo un intento por arrancar sus brazos.
—No te desgaste. Lamento que cayeras en esta situación, comprenderás que no puedo confiar en ti, podemos llegar a acuerdo si quieres tu libertad.
—No te quedo claro cariño… —trato de zafarse nuevamente con todas sus fuerzas sonrío al ver que era inútil y volvió la mirada a ella —soy el primero que protegeré tu carita y cada centímetro de tu… cuerpo.
Esa mirada le proveía de la gracia de un lobo bañado con la luz de la luna tras una batalla campal, y tierno como un pobre gatito a la defensiva.
—Agendemos una cita, —Azahara se sorprendió de su voz tan gruesa y masculina, hablando pasivamente —No soy difícil, si quieres un cogida como la de anoche, solo tienes que llamarme.
—Lo que sucedió…
—No por favor, —interrumpió hilarante —no me rompas el maldito corazón diciéndome que fue un error. Oh es verdad, si dañas mi corazón dañaras el tuyo verdad.
—Eso no volverá a suceder… —juro.
—¡Puedo oler tu deseo Mariposa! —juro sin temor a equivocarse.
—Así como yo el suyo Alfa Vascotti. Pero una simple atracción sexual no nos convierte en amigos.
—Amantes,—increpo sacándola un poco de orbita — ¿te parece más adecuado?
—Deje los juegos — respondió irritándose de su actitud.
—La que está jugando eres tú y te vas arrepentir.
Bastián estaba perdiendo su dominio, su lobo debía emerger pero no lograba liberarse, algo, una barrera le impedía hacerlo, dejándolo a merced de la frágil pero no menos encantadora mariposa.
La peli plateada se acercó, segura de que su presa no era una amenaza, el corazón de Bastián aceleraba su ritmo y una marea de escalofrío corrió por su espalda.
Estaba a menos de un paso de la cama y su aroma sugerían ciertas fantasías en Bastián, trago saliva y trato de mantener control de sus éxtasis.
—¿Es tan grande tu confianza en ese maldito de Magrini?, esperas que venga a rescatarte, como a un príncipe en apuros —la chica se rio. El chiste no le pareció de buen gusto —Estas en mis manos Gatito, él no podrá encontrarte aquí
—¡¡Gatito!!—exclamo, enseguida dejo escapar con una risita furiosa —¡No soy un gato!, soy un poderoso Alfa enfurecido, con una fuerza inimaginable y juro que te destruiré… —se inclinó acercado su rostro, miro sus labios, Bastián le gustaba mucho más de lo que estaba dispuesta a aceptar.
—No destruyes al verdadero enemigo y crees que podrás hacerme tan solo un rasguño…
—No entiendes —dijo con impaciencia…
—Explícame para poder entender, ¿!por qué traicionaste a nuestra raza!?
—Tal vez tengo el mismo impulso que tú, vengarme
Un noche excitante, y un beso desafiante, bien valían una buena información, algo que realmente fuera importante para ella y que le otorgara su confianza.
—Vengarte…
—¡Magrini no caza por diversión! —Azahara se apartó, con la piel erizada el peso de sus palabras avivaba una esperanza que ni en un millón de años habría florecido en su pecho.
—¿Qué quieres decir?
—El bastardo no acaba con su vida, —los latidos de su corazón bombardearon su pecho y una fuerte presión aturdió su cabeza, sus piensa temblaron —Crees que tu manada esta extinta, estás muy equivocada. El los caza para convertirlos en ratones de laboratorio.
—Como puedo confiar en ti, dame una prueba.
—No tengo pruebas, —aseguro tranquilo Bastián —solo sé que los necesita vivos, estaba a nada de averiguar cuál era su motivo pero tú… —Azahara tenía que decírselo a su padre — Mariposa vuelve, Mariposa libérame, ¡Mariposa!
La puerta de los Raimondi se abro de manera brusca, Azahara entro como un huracán, corriendo, subió las escaleras buscando a su padre, lo llamo una y otra vez.
—¿Padre, Padre? ¿Dónde estás?
—Azahara, ¿Qué es ese escandalo? —él se encontraba en la pequeña habitación de té con una relajación inusual. —¿Cumpliste con la tarea que te encomendé?
—Mamá, puede estar aún con vida —la noticia fue un duro golpe para Andreu, abrió sus ojos con asombro y una chispa de ilusión.
—¿De qué estás hablando? —los ojos, de aquel frio hombre se llenaron de lágrimas, se levantó dejando la revista científica sobre la mesita. —Es algo muy serio Azahara, puedes ser más clara.
—Cambio de planes papá, tomare el lugar de Bastián Vascotti.
Bastián observo alrededor, el frio le calaba el torso y los brazos, quizás no debía quejarse, a su consideración estaba siendo tratado como un rey, la comida enfriándose sobre el plato lleno de moscas a unos metros de él, los brazos sujetos a una dosel tallada, una cama cómoda bajo su culo y no tenía que preocuparse por proveer, no era tan malo. Si tenía suerte su mariposa lo visitaría cada noche solo para saciar sus instintos.
Se estaba volviendo loco mientras los minutos pasaban . Apretó sus puños y jalo una y otra vez su brazo, determinado a romper el dosel de madera barnizada.
Con el crujido de la viga el orgullo y diversión incremento su ira, cual sorpresa le daría a su pequeña delincuente cuando encontrara la cama partida y la habitación vacía.
Ser rio al imaginar su cara desconcertada. Tomo su ropa para vestirse se acercó a la ventana y no le pareció extraño que aquella vieja almodóvar se encontrara en medio de un desolado bosque.
La pregunta era donde estaba y como habia logrado traerlo ella sola.
Bajo las rusticas escaleras observando el amplio vestíbulo polvoriento y paredes altas y gruesas de piedra caliza.
Era obscuro y frio cada rincón de aquel deshabitado lugar. Bastante lúgubre para su gusto.
Se dirigió escaleras abajo con extrema calma y una sonrisa en su rostro, tomo el pomo de la enorme puerta de madera, salto fuera corriendo entre los enormes abetos y sobre el áspero camino lleno de rocas y ramas secas, se detuvo antes a contemplar la enorme fortaleza que dejaba atrás.
La enorme muralla de piedra recubierta por enredaderas florecidas, ocultaba una hermosa mansión ensombrecida por él abandono, solo quedaba en la torre más alta, una elegante cúpula de vitrales radiantes, amplios que absorbían los rayos del sol y el calor hacia su interior, alimentando forzadamente a mantener el esplendor del que una vez ostento.
Intrigado aún más por conocer los motivos de abandonar su hogar se dio la vuelta dejando atrás su fría prisión.
Imaginando el tormento que Magrini le hizo pasar a su manada descuido su camino, volvió al mismo sitio, la mansión se presentó frente a él una y otra vez.
Parecía solo correr en círculos.
—¡Maldición!







