La misma anoche en que aquel hombre le mordió el brazo y después de pasar por una fiebre penetrante, Carmine sufrió una súbita recuperación, reparando sin que ella misma lo supiera células dañadas tejidos y huesos, Las cicatrices de su cuerpo que tenía desde su niñes se desvaneciendo.
Su rostro adquirido juventud y pureza, sus ojos verdes recibieron pinceladas suaves y apenas perceptibles rojas como el fuego.
Atemorizada se encerró en su apartamento, por dos días y una noche, los ruidos a su al