Carmine despertó sola en medio de una cama partida por la mitad, inclinada por la falta de la pata izquierda, su cabello estaba enmarañado, algunas marcas de dientes en sus brazos y hombros. Su cuerpo debiera estar adolorido y fatigado por la crueldad con la que ese pervertido albino marco su territorio, pero estaba lista para repetir el rodeo y por demás deseosa.
Su teléfono sonó, un mensaje de texto la hizo saltar de los sobrantes de cama.
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Las palabras de Bastián daban vueltas en su cabez