La Luna

Bastián suspiro por última vez, Gerard contuvo las lágrimas, pero sus ojos eran un par de frías y duras piedras color zafiro. El pequeño Colín lloro culpándose a sí mismo, si hubiera atacado a ese lobo que lo hirió, el Alfa tal vez estaría vivo.

La presencia de Azahara trajo un aroma suave a flores, un escalofrió tibio corrió por la nuca de ambos lobos. Dirigieron la vista hacia la puerta, observándola agitada. La mochila estaba en el piso y ella tenía en su mano derecha una jeringa.

—Luna Azah
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