El viento a su alrededor no daba tregua, agitado y violento como un rugido de dragón.
—¡Vamos ayúdame! Tenemos que llevarlo… —el camino era largo, y el cuerpo de un lobo del tamaño de Bastián era pesado, se moverían con lentitud y no lograrían llevarlo a casa, para entonces seria tarde.
“Jamás llegaremos” —Había una posibilidad, pensó Azahara
—¡Colín! —Azahara se limpió las lágrimas —tenemos que llevarlo a casa de mi padre.
“Sera inútil, no lo lograremos” —creyendo que los hombres de ese alfa l