A sus espaldas ningún lobo de su manada altero su expresión inclemente.
Leonzio temía, esos rayos eran para él, con algo de suerte logro escapar para refugiarse, pero, ¿cuánto podía permitirle la diosa Luna seguir viviendo?, podria asomar la cabeza para contemplar el amanecer de mañana y esperar con tranquilidad la visita exigente de Azahara. O la noche seria eterna esperando el golpe justiciero que le arrebatara su gloria.
La sala se mantenía un silencio luctuoso, algo que volvía loco a Leonzi