Se desprendió de su tensión aunque sus estomago era una bola espinosa dando vueltas, camino hacia el hombre, dos escoltas se mantenían alrededor cuidándole las espaldas al maldito bastardo, solo dos escoltas.
—Doctor Magrini, recuerda ayer lo que me dijo, vengo a cobrar mi deuda. —le extendió la mano.
Magrini no respondió dejándola con la mano extendida, por un momento parecido desconfiar de aquel rostro angelical, con una expresión implacable. El silencio se hizo eterno, lo que fueron tan solo