Ginevra Giovanni
Estaba nerviosa, debía admitirlo, el vestido que llevaba era negro, sobrio, pero con la característica abertura en la pierna que comenzaba a amar. La tela era un crepé de seda denso que se ajustaba a mi cuerpo como una segunda piel, y sobre mis hombros, una lluvia de pequeños diamantes incrustados captaba la luz de las lámparas, devolviendo destellos gélidos con cada uno de mis movimientos. Mi cabello estaba recogido y el maquillaje era suave, pero con un labial rojo que hacía