Isla esperó hasta que el mesero se retiró para hablar.
—Siempre supe que Gerardo era capaz de muchas cosas, pero lo que me acabas de contar está en otro nivel. Es muy peligroso.
—No voy a dejar que nada te pase.
—No soy yo quien me preocupa. Él sabe que intentarás hundirlo y no se va a quedar tranquilo. Quién sabe de lo que sea capaz de hacer para detenerte.
—Descuida, todo estará bien.
Isla quería creerle, pero después de ver el odio con el que Gerardo había mirado a Horatio, le asustaba que