Isla estaba nerviosa. Había llegado el momento de conocer a sus hijos. En unas horas los tendría en brazos y vería sus preciosas caras. Había esperado tanto por ese momento y no podía creer que por fin iba a suceder.
Los últimos meses le habían parecido una eternidad. No estaba acostumbrada a no hacer casi nada, pero era justo lo que había tenido que hacer por la seguridad de sus bebés. El último mes, había sido el peor. Entre pasar la mayoría del tiempo sentada o recostada y los malestares del