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Trina lo miró a los ojos. Vio una fragilidad que la conmovió. Él se había entregado a ella en la desesperación.

—No sé si puedo, Alejandro —respondió Trina, llorando. —Me has lastimado mucho.

Él la abrazó con fuerza. —Lo sé y lo lamento. Pero te prometo que lo compensaré. Te demostraré que digo la verdad.

 

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