Diego, derrotado, no pudo hacer más que aceptar su destino, mientras Emanuel y Álvaro lo escoltaban fuera de la habitación. Las palabras de Diego quedaron suspendidas en el aire, pero Emanuel sabía que tenía que hablar con Verónica para aclarar todo antes de que esas mentiras causaran algún daño.
Diego, con una sonrisa pérfida, miró a Emmanuel directamente a los ojos, dispuesto a seguir sembrando duda .
—¿Sabes, Emanuel? Verónica no es la santa que tú crees. —Hizo una pausa dramática, disfru