Capítulo: Lo que se rompe y aún acompaña
La calle estaba tranquila cuando Paula salió de la universidad. El sol comenzaba a bajar, pero el calor seguía pegando fuerte sobre el asfalto. Caminaba en silencio junto a Darío, que tenía un hielo envuelto en una servilleta apoyado en la comisura del labio. A su otro lado, Felipe los seguía con expresión preocupada, mirándolo a cada rato con ternura.
—¿Te duele mucho? —preguntó Paula, con la voz más suave que el viento.
Darío se encogió de hombros.
—Un