I. Las actas de la marea
Tres años después de que el primer camión de carbón limpio cruzara la báscula de la Terminal C, los registros de la aduana vieja ya no se guardaban en carpetas de cartón carcomidas por la humedad del subsuelo. En las oficinas del piso cuarenta de la Torre Vance, el silencio tenía ahora una cualidad distinta, menos litúrgica y más utilitaria. Las paredes de cristal templado seguían devolviendo el reflejo grisáceo del estuario del Sena, pero los hombres que caminaban sobr