Capítulo 14
El ascensor de servicio de la torre Vance no tenía los paneles de espejo pulido que devolvían una imagen impecable de los trajes hechos a medida, ni el hilo musical de jazz ligero que amortiguaba el ascenso de los altos ejecutivos hacia las alturas del piso cuarenta. Aquello era una caja brutalista de metal galvanizado, con las paredes de chapa abolladas y rayadas por las esquinas filosas de los carros de carga de los operarios de limpieza, y un olor viejo, denso y persistente a grasa de motor,