¡Siéntate, Francis!

- Francis... ¿Dormiste aquí?

Me abrazó impidiendo que me levantara de la cama:

- Sí... llegué era casi medianoche. No fue mi intención despertarte. Había sido una noche dura y aparentemente el día había ido de la misma manera. Y dormiste maravillosamente.

- Creo que fue el efecto del antialérgico. – Lo abracé. - ¿Por qué volviste?

- Para ti... No pensaste que te dejaría sola en un momento como este, ¿verdad? - El me miró.

- Eso pensé... Ni siquiera me llamó.

- Había apagado el teléfono, debido
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