Fuimos a la pérgola y allí estaba la familiar figura del abogado esperándonos. Nos saludamos, hablamos de cosas sin importancia y firmamos los documentos.
Se fue y solo estábamos Francis y yo allí. Nos miramos durante un rato. No sé qué pasaba por su cabeza, pero en la mía era como una película que solo nos tenía a nosotros dos como protagonistas, en varias etapas de nuestra vida, ahí, en ese lugar.
- Yo... pensé en quedarme en tu... casa. Quiero decir, en tu antigua casa. Quería encontrar los