Había pasado exactamente un mes desde aquella noche en la que las palabras se convirtieron en cuchillas y el silencio en abismo. Pamela no volvió al penthouse de Cristhian desde entonces. Se refugió en su departamento, el mismo que alguna vez creyó haber dejado atrás. Y aunque el espacio era más pequeño, menos luminoso, ahora lo sentía suyo de nuevo. Allí, entre las cajas sin desempacar y los espejos cubiertos con sábanas, encontraba la paz que tanto necesitaba.
Durante ese tiempo, se volcó por