El murmullo del bosque parecía acunar la noche con una inquietante serenidad. Pamela, sentada frente a la chimenea de la cabaña escondida, sentía cómo el fuego parpadeaba al ritmo de sus pensamientos, como si cada llama encendiera un recuerdo que aún dolía.
Theresa dormía en la habitación contigua, agotada por el viaje y la tensión del día anterior. Pamela, en cambio, permanecía despierta. Su cuerpo pedía descanso, pero su alma seguía alerta, como si la amenaza que pendía sobre ella estuviera d