El cielo estaba cubierto por una capa espesa de nubes grises cuando Pamela llegó al lugar acordado: un pequeño café escondido en una calle lateral del centro histórico. Había elegido ese sitio a propósito. Discreto. Íntimo. Alejado de los lugares que compartieron alguna vez.
Vestía de forma sencilla, casi deliberadamente invisible: pantalones de lino, un suéter beige y el cabello recogido en un moño relajado. Pero su mirada tenía el filo de quien ha sobrevivido a una tormenta… y sabe que puede