La noche envolvía la ciudad con un manto de luces difusas que titilaban a través del ventanal del estudio de Pamela. Había pasado más de un mes desde la separación, y aunque su cuerpo continuaba en movimiento —dirigiendo ensayos, atendiendo la escuela, diseñando nuevas coreografías—, su alma parecía haberse quedado detenida en aquel beso no dado, en esa última discusión con Cristhian.
Étoile había abierto sus puertas con éxito, pero no sin heridas. La amenaza anónima que había llegado junto al