El crepúsculo caía sobre la ciudad como un velo húmedo y pesado. Las luces de los faroles apenas lograban penetrar la bruma espesa que comenzaba a adueñarse de las calles. Pamela observaba desde la ventana de su oficina en Étoile, sintiendo un nudo creciente en el pecho. Aquella niebla tenía algo inquietante, como si ocultara más que humedad en el aire.
—¿Luz? —la voz profunda de Cristhian rompió el silencio, haciendo que ella girara lentamente hacia él.
—No puedo quitarme esta sensación de enc