Olivia cerró los ojos. Las lágrimas volvieron.
—Tengo miedo.
—Lo sé. —respondió de inmediato—. Pero el miedo no cambia la verdad.
Ella permaneció en silencio. Entonces volvió a escuchar su voz. Más baja. Más seria.
—Y voy a advertírtelo una sola vez.
Olivia abrió los ojos.
—Si tú no lo haces... lo haré yo.
Sus ojos se abrieron de par en par.
—Papá...
—Tomaré una decisión como padre. —respondió sin vacilar.
No había amenaza en su voz. Había amor. Y convicción.
—Voy a darte tiempo para que pongas