El silencio se prolongó demasiado tiempo.
El suficiente para que algo antiguo, familiar e irresistible surgiera entre ellos.
El suficiente para que el recuerdo de lo que habían sido amenazara con ahogar todo lo que había sucedido después.
Entonces Liam parpadeó.
Como si despertara.
Como si recordara exactamente por qué no podía permitirse aquello.
La armadura regresó de inmediato.
Fría.
Impenetrable.
Controlada.
Abrochó el cinturón con un movimiento firme y volvió a acomodarse en su asiento.
—P