Isis parpadeó, sorprendida por el repentino cambio de tono. Él la guió hasta la cama con las manos en su cintura.
—Pero… yo soy la enfermera —intentó protestar ella, con una sonrisita desafiante.
Alex se rió entre dientes, empujándola suavemente hasta que cayó de espaldas sobre el colchón. Se colocó encima de ella, con las rodillas a la altura de sus caderas, inmovilizándola con el peso de su cuerpo sin aplastarla.
—Es verdad. Eres la enfermera que está para comérsela —murmuró él, bajando la ca