El corazón de Laura se encogió.
Porque allí no había rabia.
Había dolor.
Mucho dolor.
—Liam... —Su voz se quebró al final de su nombre. Las manos, antes cruzadas sobre el pecho, cayeron a los costados.
Una sonrisa sin humor apareció durante un segundo.
Pequeña.
Triste.
—Sé que quieres ayudar. —Sus ojos encontraron los de ella—. Pero no lo vas a conseguir.
Laura sintió que la garganta se le cerraba.
—Estás sufriendo. —susurró, manteniendo la mirada fija en él, como si buscara alguna forma de alc