Alex sostuvo su mirada, atento, midiendo cada palabra incluso antes de hablar.
—Liam…
—No. —lo interrumpió él, sin elevar el tono, inclinándose ligeramente sobre la mesa—. No me respondas con un “Liam”. Respóndeme con la verdad.
Su mano se cerró lentamente sobre la superficie metálica.
—¿Por qué no vino? ¿Victor empeoró? ¿Mi hija está enferma? ¿Pasó algo? Alex… si no obtengo respuestas, por primera vez… voy a volverme loco.
Alex tomó aire discretamente, manteniendo la postura controlada.
—Allá