El silencio que se instaló en la sala… no era solo pesado. Era sofocante. Érica alzó el mentón, intentando mantener la compostura.
—Laura es mi hija. —dijo, firme, aunque con la voz levemente temblorosa—. Y esta conversación termina aquí.
Alex no se movió. Apenas inclinó un poco la cabeza, observando cada detalle de su reacción.
—¿Sabes qué es lo más interesante? —dijo, con calma—. La conversación que tuviste con Laura.
Sus ojos siguieron fijos en ella.
—No se lo contó a nadie… —hizo un pequeño