La puerta de la oficina se abrió con dos golpes secos. Olivia, todavía concentrada en los documentos sobre el escritorio, deslizó la punta de la pluma sobre el papel antes de responder, sin levantar la vista.
— Adelante — murmuró, haciendo girar suavemente la pluma entre los dedos.
El picaporte giró. La puerta se abrió con lentitud… y lo primero que apareció fue un enorme ramo de rosas, ocultando por completo el rostro de quien entraba.
— Para la CEO más increíble de Nueva York…
La voz llegó ju