Laura estaba sentada en la cama, con las manos entreladas sobre el regazo. Edgar estaba a su lado, mirando el suelo durante unos segundos antes de alzar la vista.
—¿Tú crees que lo va a entender? —preguntó en voz baja—. ¿No sería mejor que habláramos con ella junto a la psicóloga?
Laura respiró hondo.
—No, negro… esta conversación tiene que ser nuestra —dijo, mirándolo con firmeza—. Tenemos que vivir este momento con ella. Y hablará con la psicóloga en sus días de terapia. —Hizo una breve pausa