El silencio volvió a caer sobre la habitación. Pesado. Laura se llevó la mano al vientre.
—Sangré hasta creer que me moría —las lágrimas corrían sin control—. Perdí a mi hijo —miró fijamente a su madre—. ¿Y ahora pretendes convencerme de que no sabías nada? ¿De que no hiciste nada?
Érica estaba pálida. Completamente destrozada.
—Laura… —murmuró, con la voz temblorosa—. Te juro por mi vida… que yo no hice eso.
El corazón de Laura se apretó. Pero la rabia seguía siendo más fuerte.
—Mentira —dijo,