Laura mordió el labio inferior, emocionada y provocada al mismo tiempo. Cuando llegaron al altar, Liam sostuvo su mano un segundo más de lo necesario. Luego estrechó la mano de Edgar y lo atrajo hacia un abrazo.
—Hasta aquí fui yo quien cuidó de ella. —dijo conmovido—. Laura no es solo mi hermana. Es una hija. Te estoy entregando uno de los bienes más preciados que tengo. Cuídala. Tienes el deber de superarme.
Edgar sostuvo el apretón con firmeza.
—Lo prometo.
Se abrazaron una vez más. Edgar se