Liam no respondió. Solo sostuvo la mirada. André se levantó despacio, acomodó la silla en su sitio y salió de la habitación.
Liam se acercó a la cama con cuidado. Se detuvo a su lado y deslizó los dedos lentamente por el cabello de Olívia, en un gesto que mezclaba alivio y protección. Se inclinó lo justo para besarle la frente, como si aquel contacto silencioso fuera una promesa de que, ahora, todo estaba bajo control.
—Ya llegué, mi vida —susurró.
Olívia se movió apenas, como si reconociera su