Alex se quedó quieto un instante, mirando a Ísis, con una carpeta y una bolsa en las manos. Ella se levantó despacio del sofá. Se miraron sin decir una sola palabra, como si aquel silencio cargara todo lo que no se había dicho.
Alex entró, cerró la puerta y caminó hacia ella.
—Te llamé varias veces… —dijo Ísis, con la voz quebrada—. Pero no contestaste. Nunca habías llegado tan tarde desde que empezamos a salir. —Las lágrimas le rodaron por el rostro—. ¿Dónde estabas, amor?
Alex le llevó la man