Antes de que Laura pudiera responder, Luna se adelantó.
—Ella no es mi mamá. —hizo una pausa breve, mirando primero a la asistente y luego a Laura—. Ella es la esposa de mi papá.
La asistente alzó las cejas.
—¿Ah, sí? —preguntó, fingiendo sorpresa.
Laura le estrechó la mano con educación.
—¿Y cómo se llama tu madrastra, Luna? —preguntó la asistente, con cuidado.
—Tía es “buenamadrastra” —corrigió Luna—. Ella es Laura.
Laura sonrió, conmovida.
—¿“Buenamadrastra”? —repitió la asistente, fingiendo