Laura sintió que el cuerpo se le tensaba.
—También se informó —continuó la asistente— que usted estaría conviviendo con una acompañante de lujo. Y que esa mujer, en este caso su esposa, estaría trayendo clientes a esta casa en su ausencia. Y que la niña presenciaba todo.
El aire en la sala se volvió pesado. Edgar se inclinó hacia delante, visiblemente indignado, pero manteniendo el control.
—Llevo una semana sin trabajar —dijo con firmeza—. Estoy resolviendo asuntos personales y conviviendo con