Laura sostuvo la mirada de Liam durante unos segundos. La copa se le resbaló primero de los dedos. Después, la botella. El sonido del vidrio rompiéndose en el suelo retumbó por el jardín.
Las piernas le fallaron. Laura cayó de rodillas y el llanto le estalló de golpe: alto, desgarrado, sin el menor intento de control. Era un llanto que no pedía silencio, pedía auxilio.
Liam no lo pensó. Se agachó frente a ella y la atrajo hacia un abrazo firme, protector, como hacía cuando ella aún era adolesce