La habitación estaba en silencio cuando Olívia abrió los ojos. Había dormido apenas dos horas, pero parecía haber atravesado una noche entera. El vestido rasgado seguía en el suelo, un recordatorio de todo lo que había pasado. Le dolía la cabeza por tanto llorar.
Unos golpes suaves en la puerta interrumpieron sus pensamientos.
—Señora… le traje su refrigerio —dijo una voz femenina del otro lado.
Olívia parpadeó, somnolienta.
—Solo un minuto, por favor… —murmuró, levantándose despacio.
Sintió qu